En el horizonte de 2026, la relación entre los países de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y el Mercosur ha dejado de ser meramente diplomática para convertirse en un motor de desarrollo industrial y seguridad colectiva. La reciente aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur —que crea un mercado de 780 millones de personas— ha pavimentado el camino para una cooperación sin precedentes en sectores de alta tecnología y recursos críticos.
Compartir
Los miembros de la Alianza Atlántica encuentran en el Mercosur un socio vital para su resiliencia operativa y económica:
Seguridad de Suministros Críticos: El acceso preferencial a minerales para la transición energética, como el litio y el cobre, es fundamental para la industria de defensa y tecnológica de la OTAN.
Diversificación Energética: Sudamérica se consolida como una alternativa estable frente a la volatilidad de otras regiones, ofreciendo un potencial masivo en GNL (Gas Natural Licuado) e Hidrógeno Verde.
Socio en el Atlántico Sur: La incorporación de países como Argentina como “socio global” de la OTAN permite expandir la red de monitoreo y seguridad en una ruta marítima clave para el comercio mundial.
Para las economías de América del Sur, la cercanía con la OTAN y sus miembros representa una oportunidad de salto tecnológico:
Transferencia de Tecnología Dual: Las empresas del Mercosur pueden integrar estándares de la OTAN en su producción, lo que les permite exportar no solo alimentos, sino tecnología de defensa y software a mercados de alta exigencia.
Incentivos a la Inversión (RIGI): Marcos como el RIGI en Argentina ofrecen estabilidad por 30 años, facilitando el desembarco de capitales europeos y norteamericanos en grandes proyectos de infraestructura.
Estándares de Calidad Internacional: La adopción de normativas técnicas de la Alianza mejora la competitividad de las PYMES regionales, permitiéndoles insertarse en las cadenas de valor globales.
La convergencia entre ambos bloques ha abierto nichos de mercado específicos que proyectan un crecimiento sostenido para la próxima década:
La modernización de fuerzas armadas mediante coproducción local es el área de mayor dinamismo. Empresas turcas, como ASELSAN, ya lideran este modelo en Argentina con sistemas de radares y electrónica naval, sirviendo de ejemplo para otros miembros de la OTAN.
El Mercosur ofrece oportunidades por más de USD 40.000 millones en infraestructura energética (Vaca Muerta) y minería. La demanda de la OTAN por tecnologías de bajas emisiones favorece las inversiones en energías renovables en la Patagonia y el norte minero.
El acuerdo aéreo de 2025 y la expansión de Turkish Airlines han facilitado el transporte de carga de alto valor. Además, la inversión en plantas de procesamiento bajo estándares internacionales permite que el Mercosur abastezca la demanda alimentaria global con productos de mayor valor agregado.
La alianza entre la OTAN y el Mercosur en 2026 no es solo un pacto de seguridad, sino una plataforma de negocios multidimensional. La estabilidad normativa ofrecida por Sudamérica y la necesidad de socios confiables por parte de la Alianza Atlántica crean un entorno de suma positiva para el capital transatlántico.